El Safari Rally de Kenia vuelve a quedar en el centro de la escena, aunque esta vez no por su dureza ni por su impacto deportivo, sino por una cuestión estructural que pone en duda su continuidad dentro del Campeonato Mundial de Rally a partir de 2027.
El acuerdo inicial entre el país africano y el promotor del WRC ya cumplió su ciclo, y la extensión otorgada para la temporada 2026 dejó en evidencia que el modelo actual necesita una redefinición. En ese contexto, la postura del gobierno keniano marcó un punto de inflexión: dejar de sostener el evento con financiamiento público directo y avanzar hacia un esquema apoyado mayoritariamente por el sector privado.
La decisión no es menor. Durante los últimos años, el Safari se consolidó como uno de los eventos más distintivos del calendario, no solo por su identidad histórica sino también por el desafío que representa para equipos y pilotos. Su regreso al WRC fue considerado un caso de éxito dentro de la gestión del promotor, que logró adaptar una prueba extrema a los estándares modernos sin perder su esencia.
Sin embargo, esa misma estructura que permitió su retorno es hoy la que entra en revisión. El presidente William Samoei Ruto expresó: «Este es el último Rally Safari en el que utilizaremos fondos públicos para promocionar [el evento]. A partir del próximo año, este evento será financiado y respaldado íntegramente por el sector privado». El argumento se centra en la necesidad de redirigir recursos hacia otras áreas, principalmente la educación y el desarrollo deportivo interno. Del otro lado, el impacto económico del rally sobre ciudades clave como Nairobi y Naivasha sigue siendo un factor relevante dentro de la discusión.
En paralelo, el promotor del WRC mantiene una postura clara: la continuidad del Safari dependerá de la implementación de un nuevo modelo organizativo. La intención es que el evento deje de estar gestionado directamente por el Estado y pase a una estructura con fuerte participación privada, mientras el gobierno actúa como soporte en términos logísticos e institucionales.
En esa transición, comienzan a aparecer actores clave del ámbito empresarial, con marcas interesadas en asumir un rol más activo dentro de la organización. La idea es construir una base sostenible que garantice la permanencia del rally en el calendario sin depender exclusivamente de decisiones políticas.
El punto crítico es el calendario. Mientras las negociaciones continúan, el WRC avanza en la planificación de 2027 y ya existen conversaciones con otros países interesados en ocupar un lugar en África. Aunque no hay definiciones inmediatas, el margen de maniobra se reduce con el paso del tiempo.
El Safari Rally de Kenia se encuentra, así, en una encrucijada real. Su historia, su peso simbólico y su valor deportivo lo posicionan como una pieza clave dentro del campeonato. Pero en el escenario actual, eso ya no alcanza por sí solo. El futuro del ícono africano dependerá de su capacidad para adaptarse a un nuevo modelo, en un contexto donde el equilibrio entre tradición y sostenibilidad será determinante.
Por Belén Bustos
Fotografía Honza Froněk
